Inteligencia emocional: La base del éxito laboral

Tener una buena inteligencia emocional te ayudará a encontrar trabajo en un futuro en el que la industria tecnológica se verá engullida gradualmente por la robótica. La perspectiva de un cambio masivo de trabajos a máquinas preocupa a quienes estudian el funcionamiento del mercado laboral. Las soluciones caen dentro del ámbito de las llamadas capacidades emocionales blandas. Estas son “habilidades que la tecnología nunca podrá dominar”, como dice Vikas Pota, director ejecutivo de la Fundación Verkey. Se abre así la puerta a un nuevo contexto laboral.

Las habilidades blandas pueden fortalecer los trabajos existentes por un lado y dar forma a nuevas formas de empleo por el otro. El trabajo emocional es un trabajo que combina habilidades emocionales y profesionales a la hora de gestionar equipos y atender al público o ayudar a personas enfermas o dependientes. Se desarrolla en ambos sentidos, y se aplica para crear un determinado estado de ánimo en el cliente (o paciente) y para gestionar las propias preocupaciones y malestares del trabajador.

La base es la empatía. Una comprensión genuina de los demás permitirá a los profesionales en situaciones de conflicto comprender el contexto que está causando la ira o la vergüenza de una persona y pueden tratar directamente con ese aspecto. Lo contrario también es cierto: si se enciende la comprensión, será más fácil para el cliente empatizar con el trabajador. Comprender las emociones de los demás significa comprender y humanizar las necesidades de un individuo.

Sin embargo, adquirir y, lo que es más importante, implementar estas habilidades requiere un cambio completo en la forma en que se diseñan los trabajos. ¿razón? Dedicar mucho tiempo a lo intangible e inconmensurable es urgente. Al contrario de lo que la política actual está impulsando. Los empleados de las tiendas actúan cada vez más como máquinas expendedoras. Ocurre en todos los campos, incluso en las grandes librerías marcadas por el asesoramiento literario. Personal reducido, contratos inestables: trabajan a destajo, y como resultado, se rompe el diálogo sosegado entre cliente y librero.

En un artículo exhaustivo sobre Aeon, la periodista Livia Gershon encubre a David Deming de Harvard: «Casi todo el crecimiento del empleo en Estados Unidos entre 1980 y 2012 estaba en el trabajo que requiere grados relativamente altos de habilidades sociales».

En el cuidado de la salud, estas habilidades son absolutamente inevitables. Guadalupe Sánchez de la Facultad de Enfermería y Terapia Ocupacional de la Universidad de Terrassa escribió un artículo titulado “Las emociones en la práctica enfermera”. «Si la relación interpersonal entre los enfermeros y el paciente no genera una conexión emocional, cuidar con una perspectiva integral es muy complicado: podemos cuidar la enfermedad, pero no a la persona, que es más que su cuerpo».

Según Sánchez, el trabajo emocional beneficia las actividades de atención médica de varias maneras. «Lo que más valora la gente es el tipo de trato que ha recibido del personal sanitario. Tenemos muchos problemas porque algunos tratamientos se inician y después se abandonan. Hay estudios que señalan que cuando los médicos o enfermeros conectamos emocionalmente, se producen menos casos de abandono precoz del tratamiento y, por tanto, menos recaídas», comenta.

En su opinión, estas acciones ayudarán a calmar la emergencia. «En el momento en que atiendes mejor a la gente y disminuye su nivel de estrés, ansiedad o miedo, posiblemente habrá menos interconsultas innecesarias en urgencias y centros de atención primaria. Un ejemplo: las urgencias pediátricas están abarrotadas de angustia de padres más que de patologías pediátricas». Realizar una buena asistencia emocional «es imposible sin tiempo, requiere mirar a los ojos, escuchar activamente, poder acompañar». Precisamente, la posesión que más anhela el personal sanitario es el tiempo.

Haz una buena ayuda emocional «es imposible sin tiempo, requiere mirar a los ojos, escuchar activamente, poder acompañar». Justamente, la posesión que más desea el personal sanitario es el tiempo.

Pero, ¿cómo afectará al estado de ánimo de los profesionales? Los trabajadores aplican la llamada distancia terapéutica como sistema de protección. Con ella se pretende evitar que el drama personal del paciente le afecte negativamente. Para Sánchez, actualmente carecemos de herramientas para eliminar esta necesidad de abstracción y aprender a manejar las emociones. Bajo estas circunstancias, «la relación terapéutica sería bidireccional; también te ayudaría a crecer como persona y como profesional».

Nuevos lugares de trabajo

Liva Gershon explica la necesidad de «alejarnos de nuestro singular enfoque en el rendimiento académico como el camino hacia el éxito» en su artículo, “El Futuro es Emocional”, mientras sopesa las nuevas opciones en el ámbito emocional que surgirán en el mercado laboral. No se refiere a tareas que hay que inventar, sino a tareas que no son visibles.

Amaia Pérez Orozco, defensora de la economía feminista, explica la situación en su libro Subversión feminista de la economía a través del concepto de trabajadores champiñón: aquel que «solo importa en la medida en que se incorpora al proceso productivo». «Brota todos los días plenamente disponible para el mercado, sin necesidades de cuidados propios ni responsabilidades sobre cuidados ajenos, y desaparece una vez fuera de la empresa». Detrás de él, sin embargo, hay algunas personas, principalmente mujeres, que organizan todo para que los trabajadores puedan prosperar. Ellas también son parte de una economía productiva -de hecho sin ellas no funcionaría- pero no perciben ni reconocimiento ni remuneración.

Ha existido siempre una arquitectura social que sostiene las actividades que se consideran valiosas. Por eso, al incorporarse la mujer a la actividad profesional, se han tambaleado los cimientos de la sociedad. En esta tesitura, ha surgido la necesidad de que alguien ocupe el lugar de los cuidados. La tarea ha recaído sobre mujeres de clase baja, inmigrantes que, a su vez, en sus países de origen, delegan en otras para que asistan a los suyos. Que estos sean trabajos sin contrato y mal pagados evidencia que todavía necesitamos adecuar el sistema a una nueva forma de funcionar que ya es una realidad. Para Gershon, el camino está en

Hay un riesgo, sin embargo, en las alternativas que ofrece Gershon. Apoyándose en el hecho de que, por aprendizaje social, las mujeres poseen más habilidades en el cuidado indica que serían ellas quienes podrían desempeñar estas tareas de manera óptima y, además, obtener una recompensa emocional que equilibraría las malas condiciones laborales. «Las personas de clase trabajadora tienden a tener habilidades emocionales más agudas que sus contrapartes más ricas y educadas», marca, señalando un camino que construye un cimiento teórico a la desigualdad.

Medir la emoción y el trabajo de cuidado de manera justa significa asumir que todos somos interdependientes, debemos asumir la misión del compañerismo y la empatía de manera adecuada para que no se culpe a los segmentos más vulnerables de la población. Algunos expertos dicen que la tecnología dará forma a un mundo desempleado. Irónicamente, quizás el advenimiento de las máquinas ofreció la oportunidad de construir un mundo más humano.

Artículo extraído de Grandes Pymes – Fuente: https://es.weforum.org/agenda/2017/09/la-inteligencia-emocional-sera-la-base-del-exito-laboral-en-el-futuro